Siempre he tenido la convicción que cada de uno de nosotros es dueño de su propio destino y que no existe el determinismo ni el andar a la deriva de la suerte. Uno puede conseguir todo aquello que se proponga siempre y cuando tenga las metas bien definidas y cuente con el motor de la motivación y la acción. A partir de ese momento los acontecimientos se empezarán a confabular en torno a nuestros objetivos. De ahí la importancia de diseñar y gestionar nuestra vida.